El hueco de la pobreza

 
 
 
Lo peor de ser pobre no es vivir en un barrio deprimido, con jardines mal cuidados y paredes sin blanquear, ni saber que la gente es reticente a visitarte porque siente cierto reparo de poner un pie en dicho barrio; de ninguna manera lo peor es recorrer el camino del conformismo, ya me entiendes, eso de intentar vivir feliz con menos y alargar la vida de tus pertenencias como si de tesoros se tratase, sino que más bien esta es una filosofía que puedes adoptar de muy buen agrado. Tampoco creo que lo peor (pero si lo más complicado) sea procurar satisfacer las necesidades que tienen los hijos y educarlos desde el vacío que brinda el estatus más bajo, sobre todo si necesitan atención especializada.
 
Lo peor de la pobreza ni siquiera es olvidar por un momento que eres pobre. 
 
Lo realmente devastador es cuando los demás, los que te rodean, olvidan todo esto y creen que todo te va bien, porque vistes bien y tienes un aspecto aceptable. De modo que la idea general es que no necesitas nada, bueno sí... como todos, hacer frente a los gastos y un poco de esto y de aquello, todo el mundo tiene sus objetivos ¿Y quién no?. La gente no sabe nada de ti porque nunca cuentas como haces magia con el dinero, ni cuántas veces has tenido que decir que no. La gente no sabe nada de ti sobre todo porque la única cosa que has sobrealimentado últimamente es eso que llamas dignidad, transformándola en un orgullo estúpido. Lo peor llega cuando nadie considera que necesitas cobrar por la única cosa que sabes y puedes hacer, piensan que es algo para distraerte, porque te gusta o lo haces por amor al arte. O cuando nadie te comunica la información o posibilidad de un trabajo y tu red se desvanece en ese momento decisivo para cambiarlo todo. 
 
Lo peor de la pobreza no es ser pobre, sino cuando te empeñas en estrechar el hueco donde la escondes.

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