Mi amigo





“Todo está dicho, pero como nadie escucha, es necesario empezar continuamente”.
André Gide








Mi amigo habla con dulzura.
El aire circula despacio entre la “i” y la “a” y choca contra mí en una colisión que nadie oye. Mi piel recibe sus letras como las primeras gotas de lluvia en una tierra que ha sido devastada por la sequía.
Bien sabes que no soy creyente y que ya no tengo fe en las palabras; pero cuando mi amigo me llama por mi nombre, todo mi cuerpo se prepara y, contra mi voluntad, establece un templo -uno hercúleo- para su voz.
Es una fe sin precedentes, o quizá solo amor.













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